Casi la mitad de los encuestados asocian el término balneario con el concepto “relax”. Sólo el 7% de la población asocia balneario con tratamientos, lo que supone una auténtica sacudida a uno de los principios inspiradores del paradigma anterior: el uso exclusivo del agua para el tratamiento de algunas dolencias. Desde la demanda se afirma, por consiguiente, que los balnearios son, sobre todo, fuentes de relax. ¿Deberíamos, entonces, acuñar una definición de la industria balnearia como fábrica de relax? Eso es lo que un enorme segmento de mercado está dispuesto a comprar. En el mismo estudio mencionado se refiere cómo el primer objetivo de la visita a un balneario es la reducción de estrés y la relajación
La suma de los que buscan la relajación, la puesta en forma y ser cuidado rebasa el 60% de la muestra mientras que los que buscan el alivio de dolores o la curación de una enfermedad apenas van más allá del 15%. El círculo se estrecha, por parte de la demanda, a la hora de definir la industria balnearia cuando se le pregunta al público potencial qué productos y servicios le animarían a probar un balneario.
El porcentaje mayor resultó ser el de personas que consideraban la habitación bien equipada y los servicios de masaje y relajación como más importantes que la oferta de servicios de hidroterapia. Otro signo de que el paradigma se tambalea.
Si los balnearios son relax, y lo primero es tener una habitación bien equipada, ¿quiénes son o pueden ser las empresas que conforman la industria?
Está claro que la demandapotencial no distingue, e ignorar sus necesidades condenaría a los balnearios a ser una industria de tercera sin posibilidades de expansión. Sin embargo, la no diferenciación con otros establecimientos nos podría llevar a perder mercado, o quizá ¿a ganarlo ?
Más de las tres cuartas partes de la población sostiene que iría a un balneario de vacaciones. Si bien es un tipo de vacaciones con la necesidad de relajarse en mente, como ha quedado reflejado, y cuyos protagonistas son personas con cierta preocupación por su salud. El abanico pormenorizado de motivaciones es muy amplio véase cuadro II y III). Ahí encontramos desde los que acuden a aliviar dolencias de tipo reumático, público tradicional de los balnearios, los que lo hacen por motivaciones de relax, público que también se ha generado en los balnearios, hasta aquellos cuyas motivaciones tienen más relación con los tratamientos de belleza, de adelgazamiento y la puesta en forma a través del ejercicio físico, en definitiva, buscando un cambio en su estilo de vida, segmento éste más proclive a acudir a los curhoteles. Sin olvidarnos de los clientes del tercer nivel competitivo, los que acuden a hoteles-resort, con numerosas instalaciones deportivas, cuyas motivaciones son pasar unas vacaciones en familia, practicando deporte y disfrutando de la naturaleza.
Siguiendo con esta línea argumentativa, dónde trazar la línea de lo que es un balneario y lo que no es, pierde importancia relativa, al ser el cliente potencial quien designa quien es competencia de quien. En este sentido, los balnearios y hoteles de salud que competirían entre sí serían aquellos que pertenecieran a la misma zona geográfica y con una estructura de servicios y de precios similar. La teoría de la competencia mantiene que el cliente elige, en primer lugar, la zona donde desea pasar sus vacaciones, para, en segundo lugar, seleccionar el establecimiento que mejor pueda cumplir con sus objetivos. Sólo establecimientos muy singulares logran sustraerse a ese planteamiento.
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